1.9.24

Coordinar


Coordinarse es la capacidad de los seres humanos de confluir en un momento determinado para hacer tareas, usualmente complementarias, que se encadenan para lograr objetivos que individualmente tardarían más o serían más costosos o simplemente no se podrían hacer. Piensa en las coordinaciones cotidianas que tienes: una colega te manda un informe para que le des tu opinión antes de entregarlo a la jefatura. Tu pareja te manda una lista de supermercado para que llegues con lo necesario para preparar la cena. Tu jefatura te pide cotizar un show para la fiesta de fin de año de la empresa. En estos ejemplos, alguien está tratando de lograr un objetivo que requiere ensamblar distintas tareas. Que cada tarea se ejecute en tiempo y forma para lograr la el objetivo es lo que ocurre si coordinamos de buena manera. 

La coordinación ocurre en el lenguaje. Sin embargo,  nos detenemos poco a comprender el lenguaje como herramienta ¿han pensado que es imposible pensar sin lenguaje? El lenguaje es lo que nos hace humanos, los que nos da conciencia de que existimos, nos permite mirarnos desde afuera y  coordinar acciones para cumplir objetivos en el futuro. 

El lenguaje puede haber evolucionado como una herramienta para la cooperación y la organización social en grupos humanos. La capacidad de comunicarse permitió a los primeros humanos coordinar actividades complejas como la caza, el cuidado de los niños o la defensa contra depredadores. Por ejemplo, la capacidad humana de identificar colores nos permite coordinarnos. No tenemos cómo saber si el color rojo que tu vez es el mismo que yo veo. Sin embargo, ambos paramos en la luz roja. Tener un consenso social sobre el color rojo nos permite coordinarnos. 

Si lo piensas bien, los colores, la hora, los días, los nombres, son etiquetas que nos permiten coordinarnos. Por ejemplo, la necesidad de un sistema uniforme para medir el tiempo surgió con la Revolución Industrial, cuando el transporte y las comunicaciones comenzaron a conectar regiones distantes. Antes de esto, cada localidad utilizaba el tiempo solar local, ajustado según la posición del Sol. Este método, aunque práctico en comunidades aisladas, se volvió problemático con el desarrollo de los ferrocarriles y el telégrafo, que requerían horarios precisos y sincronizados. De otra forma, no era posible que un pueblo coordinara tareas con otra localidad distante. 

En 1878, el ingeniero canadiense Sir Sandford Fleming propuso dividir el mundo en 24 zonas horarias, cada una basada en el tiempo solar de un meridiano central. Este concepto fue adoptado oficialmente en la Conferencia Internacional del Meridiano de 1884, donde se estableció el Meridiano de Greenwich como referencia para la hora mundial, conocido como Greenwich Mean Time (GMT). El sistema horario GMT fue un consenso, un acuerdo, para hacer posible la coordinación. Todo el tiempo los grupos humanos estamos generando acuerdos para facilitar o hacer posible la coordinación. 

Con el avance de la tecnología en el siglo XX, el GMT fue reemplazado por el Tiempo Universal Coordinado (UTC), un sistema basado en relojes atómicos que proporciona una precisión sin precedentes. El UTC incluye ajustes mediante segundos intercalares para alinear el tiempo atómico con la rotación terrestre. Este sistema estandarizado transformó el transporte, la comunicación y la ciencia, permitiendo una sincronización global y facilitando la vida en un mundo cada vez más interconectado.

¿Qué significa coordinar? Filosofía del lenguaje con Austin y Searle

Prometer es un fenómeno social. Esto abre nuevas posibilidades para nosotros en la vida. De hecho, la mayor parte de lo que hacemos en la vida es producto de nuestra capacidad de coordinar acciones con otros a través de las promesas que hacemos y nos hacen. Nuestra capacidad de coordinar acciones con otros depende de nuestra capacidad de hacer promesas.

Imagina que le dices a tu mejor amigo: "Te prometo que mañana te ayudo con tu mudanza". ¿Qué acabas de hacer? Seguramente pienses: "Nada raro, solo dije que lo ayudaría". Bueno, pues para los filósofos del lenguaje J.L. Austin y John Searle, acabas de hacer mucho más que hablar: has creado un nuevo futuro con tus palabras, a través del lenguaje has contraído un compromiso. Hablemos un poco de cómo funciona esto y por qué es tan interesante.

J.L. Austin, un filósofo británico, desarrolló una teoría llamada actos de habla. Según él, no todas las oraciones son simplemente para informar o describir cosas. Hay ocasiones en las que, al hablar, estamos haciendo algo, estamos creando algo que no existe. 

Por ejemplo: Cuando dices "Prometo llevarte al aeropuerto", no estás solo describiendo algo que existe sino que acabas de inventar un momento en el que dejas a tu amigo en aeropuerto y tu amigo tomará una serie de decisiones a partir de esa certeza. Cuando un juez dice: "Te declaro culpable", está literalmente cambiando la vida de alguien. Ni pensar cuando el oficial del registro civil dice: "los declaro marido y mujer". Decir, "la mesa es café", implica describir la mesa. La mesa existe antes que yo la describa haciendo uso de palabras. Decir "yo llevo la mesa mañana para la fiesta" implica un futuro del cual se encadenarán otras coordinaciones. 

Entonces, ¿por qué importa esto?

Las promesas no son solo palabras bonitas; son herramientas poderosas que usamos para construir confianza, relaciones y compromisos. Cuando prometes algo, estás construyendo un puente entre el presente y el futuro, entre tú y otra persona. Si rompes una promesa, también rompes ese puente. Por eso, tanto Austin como Searle se dedicaron a estudiar cómo y por qué nuestras palabras tienen tanto poder.

La próxima vez que prometas algo, piensa en todo lo que está pasando. No solo estás hablando: estás comprometiéndote, creando confianza y, en cierto sentido, moldeando el futuro. Además, en el contexto de un equipo, cada promesa o compromiso individual contribuye a la coordinación de tareas. Fernando Flores, en su obra "La Empresa del Siglo XXI", plantea que la coordinación de promesas es fundamental para el éxito organizacional. Según Flores, las organizaciones funcionan a través de redes de compromisos donde cada miembro asume su rol en una cadena de promesas cumplidas. Esta dinámica permite la alineación de esfuerzos y genera confianza, que es el motor clave para el progreso colectivo. Cuando cada miembro asume y cumple sus responsabilidades, no solo asegura el éxito de su parte, sino que también permite que otros puedan avanzar con las suyas. Una buena gestión de promesas fomenta la confianza mutua y crea una dinámica eficiente dentro del equipo. 

Para que todo lo anterior sea posible es necesario que el líder comprenda la relevancia de que cada miembro del equipo entienda lo que debe cumplir, no se trata solo de decir "yo lo hago" sino tener claridad para cuando se hará, qué se hará, el nivel de calidad de la ejecución, y la oportunidad de lo que se hará en función de la cadena más amplia de coordinaciones y compromisos. 

La persona que es hábil en coordinar, anticipa problemas, imprevistos, y obstáculos ocultos. Va un paso adelante. 

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