Según las bases teóricas de este programa, los estados de ánimo pueden ser rediseñados al entenderlos como un dominio de diseño en el cual podemos participar activamente en lugar de ser arrastrados por ellos. Este rediseño implica una serie de acciones y reconocimientos que se pueden llevar a cabo, y que se resumen a continuación:
- Convertirse en un observador de estados de ánimo: Esto significa reconocer los estados de ánimo como tales, en lugar de verlos como "atributos del mundo" o como "la forma en que son las cosas". Al observar nuestros estados de ánimo como construcciones propias, nos abrimos a la posibilidad de cambiarlos. Si suponemos que nuestros juicios del mundo corresponden a cómo el mundo "es", cerramos las posibilidades de transformación.
- Reconocer que no somos responsables del estado de ánimo inicial: Es importante entender que no "producimos" el estado de ánimo en el que nos encontramos, sino que simplemente estamos en él. Los estados de ánimo nos "poseen". Sin embargo, sí somos responsables de permanecer en él. Esto permite una intervención más ligera y efectiva.
- Cuidar las historias que fabricamos: A menudo justificamos nuestros estados de ánimo con razones y explicaciones que refuerzan el estado en sí, pero es importante entender que es el estado de ánimo el que produce la historia y no al revés.
- Identificar los juicios asociados al estado de ánimo: Debemos preguntarnos cómo estamos juzgando al mundo, a las personas que nos rodean, a nosotros mismos y al futuro. Estas preguntas ayudan a especificar el estado de ánimo en el que nos encontramos.
- Examinar la estructura lingüística subyacente: Al identificar el estado de ánimo como un juicio automático, podemos examinar la estructura lingüística que subyace a ese juicio. Por ejemplo, el entusiasmo puede ser reconstruido como el juicio "¡Esto es entusiasmante!", que implica una afirmación de que algo está sucediendo y que ampliará nuestras posibilidades en el futuro.
- Evaluar la validez de la estructura lingüística: Es necesario examinar si las afirmaciones y los juicios que contiene la estructura lingüística subyacente son verdaderos, falsos o si están fundados. Este análisis nos permitirá determinar si el estado de ánimo tiene un fundamento sólido o no.
- Realizar acciones para cambiar las afirmaciones y juicios: Una vez identificada la estructura lingüística subyacente, se pueden buscar acciones que modifiquen esas afirmaciones y juicios. Estas acciones pueden incluir conversaciones que abran la posibilidad de cambiar la estructura lingüística del estado de ánimo.
- Anticipar estados de ánimo recurrentes: Si se identifican patrones recurrentes, se pueden crear "repertorios", es decir, cursos de acción predefinidos que nos ayuden a salir de esos estados de ánimo cuando se presenten nuevamente.
- Buscar entornos sociales con estados de ánimo diferentes: Los estados de ánimo son contagiosos. Estar en contacto con personas que tienen estados de ánimo diferentes puede influir en el nuestro.
- Actuar sobre el cuerpo: Cambiar las posturas corporales, practicar ejercicio o escuchar música pueden ser formas efectivas de modificar un estado de ánimo. La conexión entre cuerpo y emoción permite intervenciones a nivel corporal para cambiar el estado de ánimo.
- Intervenir a nivel biológico: Si los cambios a nivel lingüístico o corporal no son suficientes, es posible que se necesite intervenir directamente a nivel de la biología a través de medicamentos que alteren las bases biológicas de la emocionalidad.
- Aceptar que los estados de ánimo son inevitables: No podemos evitar estar en un estado de ánimo u otro. El objetivo no es eliminarlos, sino ganar la capacidad de moldearlos conscientemente según nuestro propio juicio de conveniencia.
- Utilizar conversaciones para cambiar el horizonte de posibilidades: Las conversaciones son herramientas poderosas para diseñar estados de ánimo, ya que pueden modificar nuestro horizonte de posibilidades. Las "conversaciones para acciones posibles" y las "conversaciones para posibles conversaciones" son especialmente útiles.
Es importante tener en cuenta que, aunque no somos responsables de los estados de ánimo en que nos encontramos inicialmente, sí lo somos de cómo los gestionamos y de cómo permanecemos en ellos. Al adoptar una posición activa en el diseño de nuestros estados de ánimo, podemos aumentar nuestro poder personal y mejorar la calidad de nuestras vidas.